El patio de mi casa

 

Mi casa tenía dos patios:

Uno pequeño y sombrío, lleno de macetas donde pasábamos las veladas de verano sentados en mecedoras, hablando de todo.

El otro muy grande con una valla que daba a un gran desnivel. Teníamos un mandarino al que yo me subía para comer sus naranjas y en el que habitaba un tipo de hormigas con el torax rojo y el abdomen negro. Este tipo de hormiga no lo he vuelto a ver hasta hace poco porque es una especie muy rara que solo vive en árboles y arbustos.

Luego un par de naranjos de esos que producen naranjas “chinas”, variedad ácida y con hueso, un peral, un melocontonero que sembré yo y que mataron los pulgones y el naranjo mayor que he visto en mi vida. Gracias a sus frutos he tomado muchas veces en verano una limonada refrescante y maravillosa.

En los arriates de mi patio yo quitaba las flores y sembraba patatas, maíz, ajos,..para mi era fascinante ver crecer a las plantas y reproducirse. Lo de menos era la cosecha que obtuviese.

Teníamos en el patio dos pilones uno para la cal y otro para el agua. Ver hacer la cal era algo fascinante: piedras duras que al contacto con el agua se desleían en ella creando una pasta blanca y produciendo calor. El el pilón del agua un día me asomé y me resbalé para adentro hasta que mi hermano gritando pidió ayuda y me sacaron. Es la experiencia mas terrorífica que he tenido en mi vida.

Junto al patio había un edificio que en la parte de arriba era un sobrado para almacenar grano y en la de abajo una antigua cuadra y lavadero. En la cuadra puse un palomar, algo que llenó horas de mi vida observando a esos animales.

Bichos? Los he tenido de todas clases. Yo tenía hasta mis arañas preferidas a las que alimentaba y era un gran cazador de avispas, todo un virtuoso. Cuando luego fui a estudiar a la ciudad me di cuenta cuan diferente era la infancia de los niños urbanos. Yo no cambiaría nunca mi infancia de pueblo que se escapaba del cole para ir a pescar, a coger galápagos o culebras, que robaba naranjas liberando adrenalina cuando los perros me perseguían o dátiles de las palmeras del asilo de las monjas. Un niño que se bañaba desnudo en los arroyos y que trepaba por las peñas ( luego descubrí que en la ciudad eso se llama nudismo y montañismo respectivamente, jo que pijos).

Así que cuando escucho la canción Luz de Luna,versionada por bulerías, me viene a mi memoria esas noches en las que dormía al aire libre, en la era, y que mi techo eran las estrellas. Os dejo para que escucheis la versión de El Cabrero, cantaor que me encanta tanto que durante años cuando entraba en la provincia de Huelva de donde es, ponía un casette suyo para escuchar un fandango "valiente":

yo soy viento de la sierra

tu del campo eres la flor

ese prefume que encierras

te lo voy a robar yo

pa perfumar toa la tierra

¡Viva Huelva! ( eso hay aque gritar en la pausa del fandango)

Si, fui un niño feliz

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a El patio de mi casa

  1. Unknown dijo:

    Que niñéz mas bonita Pedro..
    Que audacia…que intrepidéz¡¡¡¡¡¡¡¡¡
    Que lúz de luna,como ninguna.
    El niño curioso que revoloteaba entre el peligro
    que no veia…
    bello¡¡¡¡¡¡¡¡¡
    El patio de tu casa es particular.
    Cuando llueve se moja como lo demás…….
     
    Yo no tenia patio
    beso
    Leni

  2. ANTONIA dijo:

    Un proceso melancólico a la niñez, dicen que ningún tiempo pasado nunca fue mejor, eso depende, cuando eres niño tienes una capacidad más natural y espontanea para disfrutar de las cosas, la alegria típica de la inocencia  infantil se pierde en la madurez, una lastima perdemos la capacidad de apreciar la autenticidad de lo más hermoso. Los niños que crecimos en contacto con la naturaleza, tenemos una capacidad especial para detectar todos los cambios en la naturaleza y en contacto directo somos un complemento más.  Un beso Antoñi

  3. NORHA E. dijo:

    Hola Pedro… despues de un largo mes en cama y ahora convaleciente, tengo la dicha de recibir un saludito muy especial que me dejaste donde el Funambulista, mil gracias, que detalle!!!
    Y ahora tengo el placer de leerte y me encanta esa infancia… asi, sin mas preocupaciones que jugar, porque cuando somos chicos es un deber jugar,  una de las actvidades mas importantes que ningun chico tiene porque perderse. De esos hermosos recuerdos extraemos lo mas bello del interior para continuar la lucha cuando la vida nos cobra facturas. Ta deliciosos ese patios de tu casa!!! y volver… volver… volver… aunque sea en el recuerdo.
     
    Un super abrazo y una sonrisa

  4. A dijo:

     

     
    Cuando mis padres hablan de su niñez yo les envidio.
    Nosotros somos de pueblo y en los pueblos no se vive como
    en las ciudades, aún así, mi niñez no se parece en nada a la de mis
    padres, viviendo en el mismo sitio.
    Mientras mi madre pasaba el verano descalza jugando en las dunas,
    los pinos y el mar, yo ya casi que no he podido jugar en la calle
    libremente.
    Eso sí, un pueblo es un pueblo y me he codeado con conejos, gallinas,
    árboles a los que subir, etc.
    Y así quiero vivir toda mi vida.
    Me sobra la gran ciudad.
     
    Un beso.
     
     
    Äfrica
     

Deja una reflexión

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s