Viaje a ninguna parte

 

Manuel no conoció a su madre, pero tuvo la suerte de tener un padre que hizo por los dos. Su casa era modesta pero nunca faltó de comer y él siempre tuvo todo lo que necesitaba.

Vivían en un pueblo de la costa, en el sur, un pueblo de pescadores donde jamás ocurría nada importante. Luego de dejar la escuela Manuel se puso a trabajar con su padre en la carpintería que desde hacía cuatro generaciones regentaba la familia. Y así Manuel aprendió a manejar la garlopa y el escoplo, a lijar, a dar barniz, etc., incluso llegó a diseñar un armario cuando apenas tenía dieciséis años.

 

Pasó el tiempo y su padre falleció. Y Manuel sintió un gran dolor al principio y una gran soledad luego. El negocio le daba lo suficiente para vivir modestamente pero a él el tedio lo fue invadiendo. El único reto en su vida fue sobrevivir ya lo había conseguido. Nunca tuvo amores ni tan siquiera amigos aunque no era huraño y se relacionaba con todo el pueblo. Pero Manul no poseía nada especilas. No era inteligente, ni culto, ni simpático, ni ambicioso, ni mujeriego, ni tan siquiera era una mala perosna.

 

Manuel empezó a leer libros de aventuras, mas que a leer empezó a vivir aquellos personajes de Rudyard Kipling, Daniel Defoe, Emilio Salgari, Julio Verne o Somerset Maughan. Toda su casa la decoró con ilustraciones sobre las novelas de estos personajes. Acabado su trabajo se sumergía en la lectura que lo transportaba a otros mundos.

 

A veces Manuel se iba al pequeño puerto a sentarse en el malecón recordando la canción de Otis Redding, Sitting on the dock of the bay, sintiéndose protagonista de aquella canción en la que un hombre vendió su casa en Georgia para irse a vivir a San Francisco y ver los barcos entrar y salir del puerto.

 

Y Manuel tuvo una idea: construir un barco en el que surcar los mares en busca de nuevas aventuras. No tenía experiencia pero buscó libros de carpinteros de rivera y se aplicó a estudiarlos. Sus conocimientos de carpintería y su trabajo harían el resto. Dejó de atender a sus clientes y se dedicó a la labor, merced a unos pequeños ahorros. Tres años le costó acabar un pequeño velero de seis metros de eslora, que equipó con todo lo necesario: sistema de radionavegación, radiocomunicaciones, ropa, alimentos, botiquín, herramientas para el mantenimiento del buque e incuso unos libros de aventuras.

 

Y una noche de invierno cuando todos dormían, zarpó del puerto hacia una oscuridad infinita. Poco a poco vio hacerse el pueblo pequeño hasta desaparecer en el horizonte. Navegó tres días y tres noches rumbo al sur hasta que lo sorprendió una enorme tormenta. Él no era marino y poco pudo hacer más que arriar las velas y atarse al timón. Entró agua por todas partes, que inutilizó los instrumentos de navegación y en un momento dado, en la negrura de la noche, sintió un fuerte golpe y perdió el conocimiento.

 

Se despertó al alba, aterido de frío sobre una playa. La cabeza le dolía intensamente y sentía escocerle la piel por todos lados. Hizo ademán de incorporarse pero el cuerpo no les respondía. Divisó a su derecha los restos del barco esparcidos por la playa.

 

Pasaron las horas sin ningún asomo de presencia humana, el sol calentaba sin molestar pero ya notaba irritación en los ojos. Nuevamente intentó moverse y no pudo. Y recordó la noche anterior cuando aquel golpe del barco que algo le hizo crack en la base del cuello. Tenía rota la espalda. Pasó una tarde espantosa con dolores enormes pero al llegar la noche esos dolores se atenuaron y entró en una especie de sopor. El frío le servía de anestésico. Esa isla aislada solo a tres días de navegación no podía ser más que la de Santa Rosa, un ilsote árido antaño poblado por una pequeña guarnición militar y ahora deshabitado. Mientras agonizaba pensó en la camción Ma solitude de Moustaki, que ni estaba solo que estaba con su mejor amiga, la que nunca lo abandonó, con su soledad:

 

"Pour avoir si souvent dormi
Avec ma solitude
Je m’en suis fait presqu’une amie
Une douce habitude
Ell’ ne me quitte pas d’un pas
Fidèle comme une ombre
Elle m’a suivi ça et là
Aux quatre coins du monde"

 

A la mañana siguiente Manuel había dejado de existir. Su cuerpo enjuto yacía boca arriba mientras un grupo de gaviotas lo iban devorando poco a poco, festín al que se apuntaron miles de camarones. En pocos días solo quedaban unos huesos frente a los restos del casco de un barco que acabó de limpiar un gran temporal muy frecuente en aquellos parajes.

 

Al cabo de unos años de darlo por desaparecido las autoridades lo dieron por muerto. Su casa pasó a ser dependencia municipal dado que no estaba registrada ninguna propiedad a nombre de Manuel y en los archivos alguien del ayuntamiento descubrió que fue una antigua dependencia de aquel.

 

Y aquí acaba la historia de un hombre anónimo, que viajó a ninguna parte, como millones de seres humanos que viven, nacen y mueren en completa soledad, pese a estar rodeados de tanta gente.

 

    

 

Ma solitude

Interprété par Georges Moustaki

Pour avoir si souvent dormi
Avec ma solitude
Je m’en suis fait presqu’une amie
Une douce habitude
Ell’ ne me quitte pas d’un pas
Fidèle comme une ombre
Elle m’a suivi ça et là
Aux quatre coins du monde

Non, je ne suis jamais seul
Avec ma solitude

Quand elle est au creux de mon lit
Elle prend toute la place
Et nous passons de longues nuits
Tous les deux face à face
Je ne sais vraiment pas jusqu’où
Ira cette complice
Faudra-t-il que j’y prenne goût
Ou que je réagisse?

Non, je ne suis jamais seul
Avec ma solitude

Par elle, j’ai autant appris
Que j’ai versé de larmes
Si parfois je la répudie
Jamais elle ne désarme
Et si je préfère l’amour
D’une autre courtisane
Elle sera à mon dernier jour
Ma dernière compagne

Non, je ne suis jamais seul
Avec ma solitude
Non, je ne suis jamais seul
Avec ma solitude


 

 

 

 

 

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9 respuestas a Viaje a ninguna parte

  1. Estrella dijo:

    Ay Pedrito cómo se nota que el tiempo te afectó al ánimo y te dejó bajoncito. ¡Qué relato tan tristón! Intenta ver que Manuel cumplió su sueño de viajar y, aunque muriese cumpliéndolo, por lo menos vivió su ilusión. Qué triste debe ser la existencia de los mortales que ni tienen sueños ni ilusiones y que al final de sus días ven como no han hecho nada de lo que les hubiera gustado hacer. Hay que intentar cumplir nuestras ilusiones y sueño en la medida de lo posible y de acuerdo a nuestros medios claro, pero nunca arrepentirse de lo que no se ha hecho. Así que a todos…. ¡intentad haced lo que deseais! arrepentios de lo que habéis hecho pero no de lo que nunca os atrevistéis a hacerBesos guerrilleros

  2. ANTONIA dijo:

    La Soledad y un viaje a ninguna parte. Yo creo que la soledad, esa soledad que describe tu relato, es culpa de los demás mortales que no sabemos como tocar a algunas puertas. Existen personas que por carácter unido a ciertas circunstancias, se aíslan, cuando la necesidad vital del ser humano es abrirse y relacionarse, es como el aire y el agua para una planta. En este mundo cada uno desgraciadamente va a lo suyo sin pararse a pensar que le ocurre al que tiene al lado que se comunica poco con los demás. Para mi siempre ha sido fácil contactar con ese tipo de personas, les ofrezco una sonrisa y cualquier palabra, un ratito de dialogo hace que vuelva a buscarte, su soledad es menos, si lo hiciéramos todos, nadie iniciaría el viaje a ninguna parte…Triste tú relato, pero nos puede hacer pensar…. besos

  3. A dijo:

    Las cosas tristes existen y son reales.Es una historia triste pero quiero decir que él fue en busca de su sueño.Hay veces que nos quedamos por el camino, pero si no te lanzas a por tus sueñoses como si ya estuvieras muerto.Seguro que Manuel fue feliz mientras soñaba y comenzaba a realizarlos.Un besitoÄfrica

  4. Mimi dijo:

    Me lo guardaré para la noche, historias de hombres anónimos.Un abrazo.

  5. GeMaLú dijo:

    Que inusto es todo… de verdad.. esto es como el refrán "Dios da pan a quien no tiene dientes"…Como siempre Pedro un placer leerte.Abrazos

  6. Montserrat dijo:

    Ésta es la suerte de tantos seres humanos que huyen de si mismos, lo más lejos posible, sin darse cuenta que los problemas viajarán siempre con ellos porque están en su interior. Y sin embargo, sería tan sencillo… Para hacer sentir a alguien que no está solo bastaría con una sonrisa sincera, con una frase amable, de forma que el viaje a ninguna parte se convirtiera en un rumbo fijo…Me encanta y me entristece tu entrada, como las fiestas de Navidad… Me encanta Georges Moustaki, pero me entristece esta canción.Un beso.

  7. leni dijo:

    No fué un viaje a ninguna parte..Por el contarrio fué un acto de vida..La aventura de vivir.Atrevese a perseguir un sueño es una osadía que pocos saben enfrentar.Quieren que te quedes pegado al suelo y no saben que hay pies que tienen alas.Preciosa tu entrada Pedro.Y hermosa la música.Construye ese barco..Mil besosLeni

  8. Mimi dijo:

    Te das cuenta que tenemos la misma palabra en los dos idiomas? Solitude ò Solitud es una versión de la Soledad muy particular.

  9. rosa dijo:

    Como me gustó tanto tu última entrada, (y como ya estaba dentro),quise leer algo más. Para mí, la esencia es que cualquier persona, por más anodina, triste o convencional que pueda parecer su vida encierra dentro de sí todo un mundo de sueños y de proyectos, una vida interior tan intensa que les impulsa contra todo pronóstico a lanzarse tras su sueño. El desenlace una incógnita, por la que vale la pena luchar, a pesar de lo que haya que dejar por el camino.Me gusta cómo escribes, ha sido otro placer.Bicos desde A Coruña.

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