La golondrina

Era un placer volar todo el día. Desde aquella vieja viga de la cuadra abandonada. Lanzarse al vacío para salir al exterior, rodeando el enorme limonero y surcar ese cielo azul luminoso y limpio. Luego dejarse llevar por las corrientes de aire y atrapar insectos de manera ágil y rápida sin pararse y esquivando a las decenas de las de su especie que vivían un loco frenesí alimentándose para almacenar las suficientes reservas de grasa que les permitiesen viajar hasta los lugares más lejanos de África.

Luego por la tarde se situaba como muchas en aquella cornisa de la vieja iglesia, a la sombra, saboreando la suave brisa de la tarde antes de volver a la vieja cuadra a dormir en uno de los múltiples nidos de barro que allí se veían.

Aquella mañana, amaneció más fresca, presagiando el final del verano y, como todos los días, salió a volar. Y, guiada por su instinto, emprendió, con sus congéneres, la llamada de la naturaleza para viajar hacia el remoto sur…

Concentrada como estaba orientándose no se cercioró hasta sentir un manotazo, como un cernícalo trataba de atraparla. Tuvo suerte de salir con vida del lance, corriendo asustada a la vieja viga donde tenía la seguridad frente a sus enemigos, pero al posarse se cercioró de que varias plumas de su ala derecha estaban prácticamente arrancadas por las garras del depredador. Al intentar arreglárselas, parte de ellas se cortaron por su extremo. No podía volar y, sabiendo que hasta  el próximo verano no pelecharía, moriría antes porque no podría ni alimentarse ni soportar el crudo invierno en España.

Pasaron cuatro días, estando ella desfallecida y esperando la muerte cuando escuchó ruido de alas. Tres golondrinas habían vuelto al notar su ausencia en el grupo. Eran solo tres ente tantas amigas que tenía. ¿Amigas?. Realmente se dio cuenta que, DE VERDAD, solo tenía esas tres que expusieron sus vidas pasando un invierno junto a ella para darle calor y alimentarla con los pocos insectos que había en invierno.

Y llegó el verano y volvió a haber comida abundante. Y a nuestra golondrina le crecieron nuevas plumas y voló y voló feliz y contenta de saber que entre miles  tenía tres amigas de verdad…y no necesitaba más.

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4 respuestas a La golondrina

  1. galionar dijo:

    Pedro, es así, como la vida misma. A la hora de la verdad son muy pocos los que permanecen a nuestro lado cuando de veras los necesitamos. Pero es una gran suerte poder contar con TRES amigos de verdad. Cuando las cosas pintan verdaderamente mal, suerte tenemos de ellos.
    Muy bello canto a la amistad. Cuando en primavera vuelvan las golondrinas, me acordaré de ti y de esta historia.
    Un beso.

  2. Anónimo dijo:

    Querido Perico, muy bien dicen las voces populares; ” Si buscas una mano que te ayude, búscala al final de tu brazo ” , como la palabra se puede interpretar, en mi caso deduzco, que cuando se necesita ayuda, el primero que tiene que ayudarse es uno mismo, teniendo la predisposición a recibir esa ayuda…. Por desgracia la historia de la golondrina es muy verdad, cuando exhibimos laureles de gloria nos llueven los amigos, y desaparecen todos cuando damos la sensación de perderlos. Tampoco hay que darle mas importancia, sencillamente no son amigos, nunca lo fueron, los de verdad, siempre estan contigo…. Soy tu prima, y por encima de eso, soy tu amiga y sabes que te quiero mucho, que estoy para tí, cuando me necesites. Mil besos, Maria .

  3. Antoñi dijo:

    Volverán las oscuras golondrinas
    en tu balcón sus nidos a colgar,
    y, otra vez, con el ala a sus cristales
    jugando llamarán;
    pero aquéllas que el vuelo refrenaban
    tu hermosura y mi dicha al contemplar,
    aquéllas que aprendieron nuestros nombres…
    ésas… ¡no volverán!

    Volverán las tupidas madreselvas
    de tu jardín las tapias a escalar,
    y otra vez a la tarde, aun más hermosas,
    sus flores se abrirán;
    pero aquéllas, cuajadas de rocío,
    cuyas gotas mirábamos temblar
    y caer, como lágrimas del día…
    ésas… ¡no volverán!

    Volverán del amor en tus oídos
    las palabras ardientes a sonar;
    tu corazón, de su profundo sueño
    tal vez despertará;
    pero mudo y absorto y de rodillas,
    como se adora a Dios ante su altar,
    como yo te he querido…, desengáñate:
    ¡así no te querrán!

    No he podido evitarlo al leer tu relato, me vino este gran poema de Bécquer a la cabeza… me gusta Bécquer y sin embargo, siempre que lo leo, una melancolía derrotista se apodera de mi alma, es una sensación rara, como si todo estuviese predestinado al fracaso. Pienso que era un ser atormentado, cuya personalidad encajaba perfectamente con las características del romanticismo…

    Yo le diría a esa preciosa y entrañable golondrina, que los amigos son como diamantes escasos pero existen, y con el mismo mimo que cuidarías un diamante, así hay que cuidarlos una vez que los has encontrado….

    Me encanto leerte hoy…

    Besos

  4. MORGANA dijo:

    Los amigos de verdad se pueden contar con los dedos de una mano,si llega,a veces,ni eso.Suerte el tener a tres “amigos de verdad”.Cuídalos mucho ,no sabes la suerte que tienes.
    Besos a tu alma.

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